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Silió 'pina' en su plaza de Santiago el mástil de las tradiciones

26 Jul 2019
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Izado de la Maya 2019 Izado de la Maya 2019

La Maya ya preside la plaza de Santiago Apóstol en el pequeño pueblo de Silió, obligando a propios y extraños a levantar la mirada ante un imponente tronco de roble (en realidad dos, unidos en los últimos días) de más de 30 metros y dos toneladas de peso. Mirada al cielo con agradecimiento, porque tras varios años el día acompañó a los esforzados vecinos que tiraron de riñón para 'pinar' la Maya.

Una tradición mantenida por los jóvenes del pueblo, conjurado para levantar a pulso el largo tronco de roble, soportando el peso de la madera y de una milenaria tradición, como lo hacen con la otra fiesta que protagonizan cada año, La Vijanera. Y con una estela detrás, muy próxima, la de los niños, tirando de las cuerdas, aprendiendo para cuando les toque tirar de brazos.

Todos empujaron para volver a plantar la Maya a la vieja usanza, con esfuerzo pero con mayor agilidad que años anteriores y sin contratiempos, como sucedió el año pasado, cuando se rompió una de las cuerdas del sistema de izado. Por eso la Asociación de Mayeros de Silió decidió ya en abril renovar prácticamente todo el material, sobre todo las cuerdas (400 metros nuevos), trócolas y puntos de amarre y aguante. Mantener la tradición y la vistosidad pero garantizando un buen resultado y la seguridad de todos, dijo el presidente, Sergio Balza.

Los más veteranos dirigieron las operaciones, entre ellos 'el Tín', Vicente Terán, referencia máxima con sus 99 años de cómo mandar tensar las cuerdas, adelantar las horcas que alzaban los troncos, parar y volver a arrancar. Antes se había ocupado, con la ayuda y consejo de otros mayores, de preparar las cuerdas y poleas que ayudaron a los mozos en el esfuerzo de poner en pie la Maya.

Descansando solo para recolocar los aparejos y volver a montarlos un poco más cerca de la base, los jóvenes lograron poner en pie, a golpe de riñón, cuerdas, cuñas y soportes, la Maya. A ratos empujando, a ratos preparando los andamios de madera, a ratos tensando las cuerdas, todo a golpe de brazo, entre muestras de asombro de los cientos de visitantes que acudieron a la cita.

Al final el hombre se impuso y el gran tronco ya ejerce de mástil de la bandera de las tradiciones en la plaza principal del pueblo. En las caras de los esforzados jóvenes cansancio y satisfacción, caras reconocibles para los muchos cántabros que cada primer domingo del año vuelven a Silió, para disfrutar de La Vijanera. Aplausos y cohetes pusieron punto final a una tradición que recuerda la actividad maderera y religiosa de la zona hace siglos.