Los vecinos empiezan a regresar al Calero Martes, 17 Diciembre 2019 Los vecinos empiezan a regresar al Calero

Los vecinos de San Mateo vuelven a casa por Navidad

Los vecinos de San Mateo de Buelna desalojados de sus viviendas del barrio del Calero en enero han empezado ya a volver a sus hogares, 11 meses después de que tuvieran que dejar sus casas ante la peligrosidad que representaba el corrimiento de tierras de la ladera sobre la que se levanta ese barrio. La fuerte tormenta de finales de enero abrió grietas de gran tamaño en ese terreno, amenazando con sepultar las propiedades de una decena de familias que hasta ahora han tenido que realojarse en casas de familiares, de amigos o en las puestas a su disposición por el Gobierno de Cantabria en Arenas de Iguña. Había tantas ganas de regresar que apenas 10 minutos después de que el alcalde de Los Corrales de Buelna, Luis Ignacio Argumosa Abascal, comunicara la recepción de las obras ejecutadas en ese terreno y la posibilidad de volver a ocupar las viviendas, José Manuel Ceballos, Mercedes Gutiérrez y Soledad Ceballos ya estaban sacando de los maleteros de los vehículos propios o de familiares sus pertenencias. De hecho, José Manuel y Mercedes tenían previsto pasar la noche ya en su casa. Con la ayuda de sus hijos empezaron a meter enseres y encendieron la calefacción. Las nietas habían preparado incluso un pequeño árbol de Navidad, porque todos estaban convencidos de que se cumplirían los plazos adelantados hace un mes por Gobierno regional y Ayuntamiento y que podrían pasar las fiestas en sus hogares, como así será.

"Ya era hora, la espera se nos ha hecho muy larga", decía José Manuel, un hombre que cada día cogía su coche en Arenas de Iguña y se acercaba al barrio, "a ver cómo estaba". Especialmente en el último mes, durante las obras. Sorprendía ver su maletero lleno de cajas: "en realidad llevamos dos días bajando cosas y poco a poco nos hemos ido recolocando, desde que el Ayuntamiento nos dijo que se habían terminado las obras y podíamos ir trayendo nuestras pertenencias", explicó. Su mujer, Mercedes, irradiaba felicidad: "han sido muchas lágrimas, pero ahora ya miramos hacia delante, estamos muy contentos mi Pepín y yo". Todo bajo la atenta mirada de sus hijos, vecinos del mismo barrio, encantados, como sus hijas, con el regreso de los abuelos. La casa estaba ya caldeada y todo empezaba a ser como antes.

Les echaba una mano Solita, a la vez que preparaba también su vuelta a casa, a pocos metros de la de José Manuel y Mercedes. "Yo hoy todavía no dormiré aquí, pero pronto". Lo importante, decía, "es la tranquilidad de saber que podemos volver a casa sin miedos". En eso coincidían todos. En eso y en preparar una fiesta para recuperar la vida en el barrio.

Sobre las 11.30 de la mañana el alcalde había ratificado la recepción de las últimas obras, las de drenaje del agua de esa ladera. Agradeció el compromiso del Gobierno regional, el esfuerzo de las empresas y la paciencia de los vecinos, y habló del cumplimiento de los plazos y de su promesa con los habitantes del Calero, el regreso a casa por Navidad.

Explicó que hace dos días ya se habían recepcionado las obras de asentamiento del terreno mediante la hinca de carriles, momento en el que se comunicó a los vecinos que podían iniciar el viaje de vuelta, al menos de sus enseres. Reconoció que "había cierta inquietud respecto a las obras de drenaje porque no se veían, pero al final se ha hecho una buena obra y con estas actuaciones los vecinos puedan volver a sus casas con toda seguridad". A los vecinos les anunció que la intención del presidente de Cantabria, Miguel Ángel Revilla, es visitar la zona, si puede ser esta misma semana.

Joaquín Diez Gutiérrez, ingeniero de Gesvicán, fue el encargado de explicar ese drenaje del terreno. Lo que se ha ejecutado en la última fase es, dijo, una zanja de tres metros a tres metros y medio de profundidad para recoger todas las aguas en la parte superior de la ladera. De tal forma que se van conduciendo hacia un camino de acceso en el que se ha habilitado una recogida de aguas con salida mediante tubería para descender por una cuneta de hormigón hasta el río que pasa por el barrio de la Pesquera y el Calero. Recoge agua cuando llueve y el nivel freático está alto. Si no hay gran cantidad de agua, se filtra a más profundidad y puede aflorar en algunos puntos a media ladera, sin mayor importancia, dijo. Terminó asegurando que "las obras están terminadas según los proyectos redactados y en principio, al parecer del Gobierno de Cantabria y el Ayuntamiento, los vecinos pueden volver a casa porque las obras se han ejecutado correctamente".

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