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"Los muertos hablan de los vivos en San Juan de Raicedo"

13 Ene 2020
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Vista aérea de la necrópolis actualmente Vista aérea de la necrópolis actualmente

Las excavaciones realizadas hasta ahora en la necrópolis de San Juan de Raicedo (en el término municipal de Arenas de Iguña) están ofreciendo más información incluso de lo que se pensaba en un principio. Hasta ahora se han delimitado más de un centenar de tumbas en un cementerio de una gran extensión, uno de los más importantes en ese sentido del norte de España. Más extensión y más densidad, enterramientos tan próximos que apenas se puede andar sin tocarlos, con zonas concretas para los más pudientes o para los niños no bautizados, una necrópolis en la que «los muertos hablan de los vivos», de su organización, de su modo de vida, según explica el director de la excavación, Javier Marcos.

Junto a Lino Mantecón llevan cerca de dos meses en San Juan de Raicedo y cada día desentierran cuatro o cinco nuevas tumbas. Todas en una organización lineal y concéntrica, todas orientadas este-oeste, «hacia la resurrección». «Es pronto para decirlo, pero si es mayor de lo esperado, no suele darse la suerte de poder estudiar un cementerio como este, el segundo de mayor extensión excavada en Cantabria y parte del norte de la península, algo que nos da mucha información sobre la organización de la gente que allí vivía», decía Marcos.

De hecho ya se han topado con algunas singularidades importantes. Por ejemplo con una concentración de cinco tumbas de mejor factura, suntuarias, lajas (cajas de piedra) sobre las que se colocó una gran losa monolítica, algunas con estelas incluidas en su cabecera, una tipología que se había hallado en el País Vasco pero que no se había encontrado en Cantabria.

También hay otra zona con varias tumbas infantiles en los límites del cementerio, donde se ha marcado el muro de delimitación del suelo sagrado, lo que se conocía como el dextrum. Es una notable concentración de neonatos en una zona que se conocía como el limbo, niños que no llegaron a ser bautizados, algo que en España «se ha encontrado en muy pocos lugares, una zona solo para niños no bautizados es muy singular».

Además de las estelas también se ha encontrado una gran cantidad de cerámica y, de momento, ningún resto humano, «aunque lo cierto es que solo hemos abierto dos tumbas hasta ahora». No se descarta, aunque parece complicado.

Otra de las cuestiones que el avance en las excavaciones ratifica es que ese cementerio no se organiza en torno a la iglesia actual, «desplazada respecto al cementerio». Lo lógico sería pensar que esas tumbas se habrían colocado más cerca de las reliquias de la iglesia original. De momento se han detallado cerca de 110 tumbas, «pero habrá muchas más parece, aunque todavía es difícil decir cuántas».

Los arqueólogos explican que la necrópolis parece delimitada por dos ríos Uno el arroyo Religión, término «ya de por sí singular» que podría relacionarse con la Orden de San Juan de Malta. Parece que la tradición apunta a que para los oficios litúrgicos los párrocos de entonces cogían agua de ese arroyo. Otro arroyo, ahora canalizado, marca el límite al este, un arroyo que debió desbordarse en alguna ocasión ya que se han hallado vestigios de inundaciones en el cementerio. «Seguramente sufrió una gran avenida en algún momento de la historia, algo también curioso».

En definitiva, un cementerio muy extenso que puede deberse a su pervivencia a lo largo de unos cinco siglos (quizá del siglo VIII al XII), tiempo en el que todo apunta a que se respetaron las viejas lajas, ya que no se ha encontrado ninguna destruida para superponer otra.

Pero aún queda mucho por hacer. Habrá que seguir excavando, luego marcar los límites del cementerio, más tarde levantar las losas para ver qué hay en su interior y para terminar, establecer qué se va a poder salvar, para documentar el resto de manera científica. Porque sobre ese cementerio pasará la ampliación de la carretera que cruza el valle. Eso ha motivado el inicio, en noviembre del año pasado, de un estudio arqueológico patrocinado por la Consejería de Obras Públicas, Ordenación del Territorio y Urbanismo y dirigido por Javier Marcos junto a su inseparable Lino Mantecón. Una parte extensa de esa necrópolis no se tocará, la que no está afectada por el paso de la carretera. En cualquier caso todo se documentará y el material o restos humanos si los hubiera se registrarán y se enviarán al museo arqueológico, insisten los arqueólogos.

En ese proceso el alcalde de Arenas de Iguña, Pablo Gómez, ha sido claro: el quiere mantener una parte junto a la iglesia, como centro de interpretación de la necrópolis de San Juan de Raicedo, perfecta compañía a la destacada iglesia románica que se levanta al otro lado de la carretera. Otro alcalde, el pedáneo de San Juan de Raicedo, Amando Saiz, es de la misma opinión. Incluso cree que potenciaría la riqueza románica de la iglesia. Desde luego quiere que quede constancia «de lo que se ha encontrado bajo tierra».

Un descubrimiento que no ha sorprendido demasiado a los vecinos del pueblo. Alfonso Ibáñez, uno de los estudiosos de San Juan de Raicedo, apuntaba la semana pasada que se sabía que las tumbas estaban ahí. Sobre todo con la llegada de las grandes máquinas utilizadas para cultivar o cosechar, cada vez que entraban en esa tierra se levantaban losas, las que menos profundidad tenían. Todos los días se acerca al lugar y quiere documentar todo lo que se vaya haciendo para un próximo libro que detallará parte del patrimonio del pueblo.

La existencia de la necrópolis es conocida desde 1870, cuando Ángel de los Ríos hizo referencia a ese cementerio. El porqué del cementerio o de una iglesia de tanta belleza como la de Raicedo en ese punto no deja lugar a dudas. Javier Marcos recuerda que ese camino entre los valles del Besaya y del Pas es histórico y de reconocida importancia.